A julio de 2026, el sistema internacional atraviesa una etapa de fragmentación estratégica. Los conflictos armados, la competencia tecnológica, la seguridad energética y la reorganización de las cadenas de suministro han convertido a la geopolítica en una variable económica central. Las decisiones de gobiernos y potencias ya no afectan únicamente la diplomacia: modifican costos, regulaciones, rutas comerciales, flujos de inversión y acceso a mercados. Comprender estas conexiones permite anticipar riesgos y convertir la incertidumbre internacional en decisiones empresariales mejor fundamentadas.
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